Acompañamos los espacios donde los jóvenes de las comunidades deciden cómo quieren cuidar su territorio. La gobernanza no se hereda sola: se construye.
En la maloca, las nuevas generaciones se reúnen para algo que pocas veces sale en los reportes de los proyectos climáticos: decidir. Decidir cómo quieren cuidar su territorio, qué saberes quieren conservar y qué herramientas nuevas quieren incorporar.
Los consejos juveniles son la respuesta de las comunidades a una pregunta difícil: ¿quién sostiene un proyecto de conservación dentro de veinte años? La respuesta no está en los documentos técnicos — está en los jóvenes que hoy aprenden a leer el territorio con los mayores y a leer los contratos con nosotros.
Nuestro papel es acompañar sin invadir: aportar herramientas técnicas cuando las piden, traducir el lenguaje de los mercados ambientales, y sobre todo, respetar que las decisiones se toman allá, en el círculo de la maloca, y no en una oficina en Bogotá.
La sostenibilidad no se mide solo en toneladas de carbono: se mide en la capacidad de una comunidad para liderar, decidir y mantener sus proyectos a lo largo de generaciones. Los consejos juveniles son exactamente eso, en acción.
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